Now Playing Tracks

Paseo con perro

Algo que escribí hace tiempo y no me había animado a publicar, lo publico más que nada porque me gusta que todas mis cosas estén en un solo lugar y que pueda notar el curso de mi práctica artística más fácilmente. Quizás lo disfrutes:

Salí a caminar por el condominio. Mi perro chillaba de emoción al salir del corral, enredándose entre mis piernas mientras yo intentaba controlarlo, un poco harta de siempre tener que batallar ante la hiperactividad insistente del cachorro del otro lado de la correa. -“Puta madre Rosco, por eso siempre dudo en sacarte, es imposible caminar a gusto contigo.”- Es cierto que me gusta verlo entusiasmado corriendo de un lote de pasto a otro. Siempre se interrumpía la inspección minuciosa canina de la vegetación por culpa de las entradas pavimentadas de las casas y debido a las calles empedradas. Pero a pesar de apreciar, casi al punto de admiración,  el entusiasmo de mi perro, me molestaba el resultante tambaleo a causa de los jalones.

Esta vez había decidido irme por la ruta corta; me dolía un poco el estomago y me sentía cansada. De cualquier manera, había un caminito que podía tomar al cual rara vez tenia Rosco la oportunidad de pasear, pues no caía dentro de la ruta que rodeaba casi todo el fraccionamiento y por la cual lo llevaban mis padres en sus caminatas casi diarias. Con aquella desviación podía justificar no darle la vuelta entera al fraccionamiento.

Debí de haber tenido algo de razón, pues me costaba menos trabajo mantenerme al paso del perro. Unos cuantos trabajadores estaban sentados esperando al camioncito que los llevaba a la entrada. “Cuidado que muerde” le dije, vacilando, mientras el perro se le acercaba y olía por un segundo al trabajador mas cercano, creí oír que reía una risa nerviosa. “Nah, no se crea”, le dije, tratando de ganarme su simpatía, pero no lo pude ver a los ojos. La chica y el perro se siguieron sin voltear atrás.

-¿Pensarán que hay esperanzas en este condenado condominio?- Me imagine como me vería al caminar, con mi suéter guango de estampado geométrico, un chongo que apenas se podía llamar un peinado, unos tenis viejos, y mi perro grande, peludo, apuesto, pero con cara de despistado. A mi me agradaba, sentía que hacia un buen contraste frente a los carros deportivos de mis vecinos, y las casas grandes y modernas con sus fuentes minimalistas de mármol. Seguí mi camino y dejé escapar un aullido, de aquellos que me confirman que sigo viva, que todavía me reúso a conformarme por completo. Imaginarme algún vecino verme con una cara entre confundida y con disgusto me causaba gracia.

-Buenas tardes Señor Agustín,

primero en voz alta, pero sin hacer un sonido,

“Buenas tardes, Señor Agustín”- Esta vez sí al pasar enfrente de la casa donde había conocido hace dos días a un jardinero de una sonrisa simpática y de ojos amables. Me había agarrado de la escusa de preguntar sobre la casa que estaban construyendo en la colinita previamente conocida como ‘el caracol’, que se encontraba detrás de nosotros, para platicar brevemente con el. Del caracol se veía gran parte del condominio, pero también la carretera del otro lado de la barda y el pueblo que yacía al lado de esta. Me parecía que el pueblo se llamaba San Miguel Ameyalco, pero me era incierto por falta de familiaridad con el, al igual que con el resto de los pueblos de la zona de Atlacomulco. Ahora la callecita que se enroscaba hacia el centro elevado del terreno, he ahí porque le decían el caracol, estaba cerrada por unas rejas de por lo menos 2 metros y medio de altura adornados con una cámara que miraba hacia fuera.

-“Si señorita, me parece que es de…. Una, dos, tres cuatro, Si, cuatro casas hacia allá, me parece que es de los mismos dueños” había dicho el jardinero, apuntando hacia su derecha en la dirección que corría la calle. –“Ya veo, ¡y que rejotas fueron a poner!” el jardinero tan solo acertó con la cabeza, sin ganas de opinar en el asunto. –“¿Cómo se llama usted?”- Le pregunté. –“Agustín Camacho, señorita,”-

-“A pues, yo soy Dominique”- no supe si decirle mi apellido o no, y acabe diciéndolo en voz baja, probablemente no lo oyó. “vivo en Ailes” acompleté, apuntando hacia arriba. Mi calle estaba sólo a un par de cuadras mas arriba. “No salgo muy seguido” expliqué, pensando que seguramente le extrañaba nunca antes haberme visto. “Y eso porqué?”- “No lo se”.- “Gusto en conocerlo, que tenga un buen día.”

-“Igualmente señorita”

Y me seguí en mi bicicleta.

Y me seguí con mi perro; Agustín probablemente ya había salido del trabajo o estaba haciendo algún otro quehacer que no fuera mantener las plantas de la entrada de la casa. Me pregunte si alguna vez volvería a coincidir con el, y si tendría algún otro tema del cual hablar con el. No se me ocurría nada.

Al llegar a mi cuadra, mi perro ya caminaba lento, a mi lado. Posiblemente le había bastado la caminata, que bueno, me sentía satisfecha conmigo misma. Deje a mi perro entrar a su corralito, tomo agua de su cubeta rápidamente y corrió a la puerta de la lavandería que yo había recién abierto. Lo obligue a salir, le hacia bien tomar mas agua. En un ratito vengo por ti, pensé, y te dejo entrar. Al subir las escaleras de mi casa, lo oía aullar, desconsolado. La escalera se alargo, y cada escalón se volvió mas alto, cada uno presumiendo la sombra del sol ya mas atardecido que por atardecer, y en cada paso oí resonar los ecos de la casa vacía.

por su fiel servidora

Dominique Ransom

La Cal

Esa tarde, notó una mancha en el suelo de cal de su patio. Le pareció extraño, pero tomó su zacate, enjabonándolo, y talló. El suelo recobró su blancura, pero entonces le pareció que el resto estaba menos blanco que aquello que apenas había concluido de limpiar. Así que talló también eso. Razonó que de una vez debía de aprovechar para limpiar las paredes, a su vez blancas, de la casa. Se siguió con las puertas, y después las sillas, y el pasto y su gato y el mar al que daba su casa, y los peces y el fondo del océano; hasta que el blanco comezó a ser tan fino que habría sido irreconocible para otro ser humano, eso es, imaginando que hubiera estado presente algún otro para presenciarlo. Pero para sus ojos, sensibles a la mas pequeña viruta de impureza, le era evidente que este nuevo Blanco era superior, más verdadero y auténtico que aquel otro con el que inexplicablemente se había conformado antes. Era tan puro que se veía a través de él. Ojo! No habremos de confundir este Blanco con la transparencia mundana de un vidrio limpio, o quizas del aire, No. Quizás el único modo de acercarnos  a comprenderlo es aceptando lo diferente que es de cualquier cosa que nuestros ojos pueden percibir.
 Tanto tiempo había pasado sin conocer el Blanco, que le sorprendió que fuera tan sencillo como tallar sólo un poco más de lo acostumbrado para que éste se presentara con todo su esplendor. El caso es que ella siguió, encarrilada, y el tiempo era también blanco, pues con las manecillas y marcas de los relojes tornados a blanco y sin sombras ni obscuridad, no quedaba más que la pausa blanca, suspendida. Y al llegar al centro de la tierra decidió darse un baño a si misma. «Que fiel le había salido el zacate, todavía tallaba, y este jabón de veras que si duraba toda la lavada, como lo promocionaba la cajita en la que venía empacado.» Y así se talló, y comenzó a tararear felizmente hasta que el vaivén de su propia voz y el vaivén del zacate contra su cuerpo la arrullo. Cayó en un sueño profundo pero liviano, sin peso, y no soñó más que ese blanco purísimo y el olor del zacate enjabonado.

Por su fiel servidora

-Dominique Ransom

just a rumination quickly put into words, rough

How motivation and concentration work are two things I cannot understand. They and I conduct a daily struggle that I may seem to overcome one day but then morphs into complete incomprehensibility the next.
All three of us dance, or perhaps it is a fight. Being on top is being pinned down and falling is rising. The floor is both defeat and victory. 
and Time just sits on the sidelines, a referee or a spectator, almost invisible, but its presence unquestionable when it lets out a mocking laugh or an awestricken gasp.

To Tumblr, Love Pixel Union