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La Cal

Esa tarde, notó una mancha en el suelo de cal de su patio. Le pareció extraño, pero tomó su zacate, enjabonándolo, y talló. El suelo recobró su blancura, pero entonces le pareció que el resto estaba menos blanco que aquello que apenas había concluido de limpiar. Así que talló también eso. Razonó que de una vez debía de aprovechar para limpiar las paredes, a su vez blancas, de la casa. Se siguió con las puertas, y después las sillas, y el pasto y su gato y el mar al que daba su casa, y los peces y el fondo del océano; hasta que el blanco comezó a ser tan fino que habría sido irreconocible para otro ser humano, eso es, imaginando que hubiera estado presente algún otro para presenciarlo. Pero para sus ojos, sensibles a la mas pequeña viruta de impureza, le era evidente que este nuevo Blanco era superior, más verdadero y auténtico que aquel otro con el que inexplicablemente se había conformado antes. Era tan puro que se veía a través de él. Ojo! No habremos de confundir este Blanco con la transparencia mundana de un vidrio limpio, o quizas del aire, No. Quizás el único modo de acercarnos  a comprenderlo es aceptando lo diferente que es de cualquier cosa que nuestros ojos pueden percibir.
 Tanto tiempo había pasado sin conocer el Blanco, que le sorprendió que fuera tan sencillo como tallar sólo un poco más de lo acostumbrado para que éste se presentara con todo su esplendor. El caso es que ella siguió, encarrilada, y el tiempo era también blanco, pues con las manecillas y marcas de los relojes tornados a blanco y sin sombras ni obscuridad, no quedaba más que la pausa blanca, suspendida. Y al llegar al centro de la tierra decidió darse un baño a si misma. «Que fiel le había salido el zacate, todavía tallaba, y este jabón de veras que si duraba toda la lavada, como lo promocionaba la cajita en la que venía empacado.» Y así se talló, y comenzó a tararear felizmente hasta que el vaivén de su propia voz y el vaivén del zacate contra su cuerpo la arrullo. Cayó en un sueño profundo pero liviano, sin peso, y no soñó más que ese blanco purísimo y el olor del zacate enjabonado.

Por su fiel servidora

-Dominique Ransom

just a rumination quickly put into words, rough

How motivation and concentration work are two things I cannot understand. They and I conduct a daily struggle that I may seem to overcome one day but then morphs into complete incomprehensibility the next.
All three of us dance, or perhaps it is a fight. Being on top is being pinned down and falling is rising. The floor is both defeat and victory. 
and Time just sits on the sidelines, a referee or a spectator, almost invisible, but its presence unquestionable when it lets out a mocking laugh or an awestricken gasp.

Desmañanada.

Las 6 de la mañana; sigue obscuro afuera.

Mis parpados han de tener imanes a mis cejas, pues no hay manera que sean mis músculos los que los mantienen abiertos. De cualquier manera no importa, mis ojos están vacíos. Mi cuerpo funciona como por memoria muscular. El brazo se levanta, sin necesitar ordenes del jefe; ya sabe la que le espera si no comienza con el sexto trinazo del cucu. Prende el switch; apaga la alarma. Las piernas, el torzo, y el resto de los compañeros igual. Un día más pa’ chambear.

Como de costumbre, el jefe se quedó tirado en la cama. Quien sabe si despierto o dormido, pero inmóvil. Siempre tarda un largo rato en darse cuenta si ya se le encendió el foco. Así como en sueños, que uno no sabe que esta dormido; este no sabe si ya esta despierto.

 

escrito por: su fiel servidora

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